29 de enero de 2007

Deadwood, un western de altura


Este pasado fin de semana también acabé de ver la primera temporada de "Deadwood", de la sagrada HBO. Admito que a priori no me interesaba demasiado, pero habiendo escuchado solo virtudes de ella, decidí darle una oportunidad. El primer capítulo no me convenció, pero poco a poco me fue atrapando, sin llegar tampoco a engancharme como en el caso de otras drogas más duras ("24", "Prison Break", "Lost", "Heroes"). Haciendo una analogía, estas últimas vendrían a ser como heroína, mientras que "Deadwood" no pasaría de ser un porrito amable. Pese a todo, tiene miga. La ambientación es excelente, y los personajes tienen mucho punch: mezclando algunos reales (Calamity Jane, una pistolera borrachuza de buen corazón) con otros impagables como Al Swearengen, el temible y corrupto propietario de un burdel, el incansable doctor Cochran o las prostitutas de buen corazón Trixie y Joanie. La acción se sitúa en el pueblo de Deadwood, a finales del siglo XIX, en plena fiebre del oro. Un lugar sin ley en el que muchas afrentas se resuelven a tiro limpio. La serie tiene tres temporadas, y un servidor acaba de iniciar la segunda, en la que intervienen nuevos personajes y en la que los trapicheos políticos cobran mayor importancia dado el crecimiento del campamento. Como la vida misma...

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