
Ayer fue un día lleno de lágrimas (ajenas). Primero vi las del pobre Federer, que no pudo contenerlas. El fenómeno que es Rafa Nadal se portó como un caballero, y se le notaba incómodo con su victoria. No quiso exteriorizar su alegría y eso le honra. Fue un bello momento.
Por la noche, más lloros en la gala de los Goya. Cuando llegué a casa enganché justo los premios a actores revelación. Primero ganó el protagonista de "El truco del manco" (tendré que ir a ver la peli), y muchos compañeros suyos lloraban como magdalenas en la platea. Luego le tocó el turno a la guapísima niña de "Camino", que tampoco pudo resistir el llanto. Y finalmente, otra imagen que se me quedó grabada fueron los lagrimones de Maribel Verdú, tras el recuerdo a los miembros de la academia fallecidos este año.
Por cierto, me alegro que "Camino" haya triunfado (genial el discurso de Jaume Roures reivindicando la felicidad y atacando al Opus Dei). Se lo merecía, pues a mi juicio, fue la mejor película nacional del año pasado. Y con diferencia.

1 comentario:
Lo poco que vi de la gala de los Goya me pareció penosa, por no hablar de lo fuerte que me parece que elijan mejor actor a Benicio. Por esa regla de tres, ¿Por qué no estaban nominados Steven Soderberg o Woody Allen? Lo dicho, penoso.
Sobre el affaire Nadal-Federer te recomiendo que escuches el gag de Los especilistas secundarios sobre la madre del tenista suizo, muy divertido.
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